Llegamos a El Alfarcito cerca de las dos de la tarde y junto con nosotros también llegó Hugo, el joven que nos guiaría por la zona. Venía todo abrigado, tapado hasta el cuello. Es que ese día el huayra (el viento) estaba bravo, y él había caminado más de cinco horas para poder estar ahí con nosotros, puntual.
Después de mucho esfuerzo y de algunas prácticas, sería la primera vez que Hugo estaría al frente de un circuito turístico.
El grupo con el que debutaría era de lo más variado; había jóvenes de Italia, también chaqueños, correntinos, una brasileña y, obviamente, algunos salteños. Pero la variedad cultural y el idioma no lo inhibieron para nada, con su sencillez, se ganó la atención de todo el grupo.
Comenzó mostrándonos el “Eco Huasi”, una casita en medio de las montañas, toda hecha con residuos descartables. Nos hizo recorrer la escuela- albergue que levantaron con mucho sacrificio. Además, mientras visitábamos la capilla, nos contó la historia de un cura soñador, que un día llegó a la Quebrada del Toro y dejó su vida por la gente del cerro.
Por último recorrimos una galería de fotos que ilustraba un poco cómo es la vida en los cerros.
Hugo ¡MUCHAS GRACIAS! Por tu cálido trabajo. Por tu esfuerzo. Porque el turismo no es otra cosa que eso, mostrar la tierra que uno ama. Darla. Darla a conocer y dejar que cada viajero se lleve un pedacito de cerro, un trocito de cielo azul, un poquito de alfarcito en el corazón.
¡Gracias!
