Ni bien bajamos del auto, Cafayate nos invitó a abrigarnos y – en mi caso- a cruzarme de brazos para apaciguar el frío un poco más. Pero unos minutos después, en la plaza, el sol empezó a regalarnos algunos de sus rayos, quizás como presagio de lo que compartiríamos más tarde con Monseñor Jiménez. Y con...Read More